“líbrame del agua mansa, que del agua brava yo me libraré”
Una amiga me dijo hace un tiempo atrás que le encantaba dormir con muchas frazadas encima por que sentía como si estuviera debajo de su novio. Tenía también, ciertos fetichismos con que la gente se le sentara en sus piernas o que la aplastarán, etc. Y les prometo, y les re contra juro que trate de evitar el psicoanálisis, pero termine dándole vueltas infinitas al tema.
Para que me entiendan mejor, déjenme contarles un poco sobre mi amiga. Rubia de 1,75 ojos color miel, labios a lo Angelina jolie y flaca a morir; cuatro por cuatro, todo terreno, fuma, toma y baila apretado… o sea un prototipo con patas de la chica que siempre apuesta a ganador, que se las trae, o como quieran decirlo. Comprenderán entonces mi sorpresa cuando me dijo que le encantaba la pasividad en el sexo. Para mi fue como el derrumbe de un icono sexual femenino. No solo eso, me pareció raro, un tanto contradictorio, interesante, y por lo demás (para que vamos a estar con cosas) bastante excitante (mi libido aumentó como 30 puntos de Raiting)
Todos sabemos que el sexo es poder, o por lo menos eso me decían “los prisioneros” cuando estaba perdiendo mi virginidad, pero en los años me he dado cuenta de que el poder sexual va moviéndose, cambiando de dueño, equilibrándose con nuestras parejas sexuales. ¿Quién maneja el poder en la cama? ¿Cambia de mano en mano o es inalienable al individuo?
Pensemos por un rato en como somos en una situación normal, como somos con nuestros amigos, familiares, compañeros, etc. Y ahora cambiémonos a una situación sexual. Cambia, no? Puedes ser una chica conservadora y tradicionalista, pero en el dormitorio te gusta usar un corsé y dejarte amarrar con esposas y pañoletas de seda. O un chico tímido e introvertido que en la noche se abandona a orgasmos y que es dominado por sus instintos sexuales y le deja rienda suelta a su libido para subyugar su personalidad y a su compañero@ de cama de paso.
Y miremos más atentamente estas situaciones, todo lo que somos en la cama es lo que no somos en el resto de nuestras vidas. Es una sub-realidad, un abandono de las personalidades, un equilibrio de poderes.
Todo es poder, el conocimiento es poder, la sociedad esta basada en una jerarquía de poderes, y el sexo es poder. Pero nadie puede tener todo, aun que nos parezca que hay gente que tienen todo el poder en una mano, no es así, es imposible, hay demasiadas maneras en las que el poder esta presente, se mueve, se camufla, se esconde y te encuentra, te posee, te ocupa. Y si, quizás hay gente que posee mucho poder que nos afecta directamente, pero hay una cosa que quiero decir: el poder tiene muchos amantes y cambia de mano en mano con la rapidez de una gacela.
Pienso ahora en mis amigos, los que tienen pareja, siempre personas tan distintas, y al parecer incompatibles, una es lo que el otro no, se complementan. Y en ese “complementarse” es que cabe el balance del poder. El equilibrio.
Ahora. Voy a tratar de ponerme en el punto de vista masculino. Punto aparte del machismo y todo eso, para los chicos su miembro es como donde se concentra todo su poder, su máxima virilidad. El penetrar es como ellos someten, como se hacen dominantes (por una extraña necesidad de ser superiores que la verdad no entiendo, razón por la que creo que a los hetero les gustan el prototipo de la niñita calladita para dominarla. Pero en fin… ese es otro tema) Pero aceptémoslo la penetración esta asociada desde tiempos milenarios al poder. A la dominación. Y no es algo que podamos cambiar en un par de décadas de revolución feminista (lo siento, pero las cosas como son. Los procesos son largos) O sea, y de los “Blow Jobs” no quiero ni hablar, por que es demasiado tema, pero siempre me ha llamado mucho la atencion que los hombres le tengan tanto apego emocional rosando lo psicopata a su pene, pero no tengan ningun escrúpulo en meterlo en la boca de alguien donde (si lo piensan) se encuentran más vulnerables, ademas de tener todo esa capacidad de dar placer en tus manos... o mas bien en tu boca, imaginate... Ahora… yo no sé mucho de cómo funcionan las parejas hetero, pero en los maricones es súper claro y no creo que necesiten que les dibuje un esquema. Cambiémonos a las tortilleras por un rato, ahí me imagino que habrá uno que otro confundido al respecto, porque no esta en el imaginario de todo el mundo a dos chicas follando, acá cambia mucho la cosa, porque… el pene no es algo que este presente en el follar, y tener un consolador metido hasta las orejas tampoco es la idea de muchas para pasar una noche con otra chica, por algo somos gay, no? Pero a pesar de que la penetración este bastante dilucidada y bilateral (no se si me entienden, pero si tienen muchas dudas, chicas. Yo estoy ofreciendo un curso practico XD) la dominación y la pasividad es algo que por lo menos yo he experimentado fuertemente. No siempre la una o la otra, ni las dos al mismo tiempo, sino que cambia con la pareja. Cambia en contraste con tu compañera. Lo cuál va en concordancia con el equilibrio del que les hablo, no?
De hecho el “yo sexual” tiene una escala de cambio más grande que la personalidad más “sólida y cotidiana” de uno mismo. Al “yo sexual” cámbiale la temperatura climática, ponlo en el día correcto del mes y dale una barra de chocolate y se transforma totalmente a una maquina animal. En cambio la manera social de ser no cambia de un grupo social a otro drásticamente (o por lo menos el común de la gente que ya esta más o menos definido en quién es o en quién quiere ser) Pero en la cama se da esta variedad de situaciones que fluctúan y se amoldan según pareja, momento, y un largo etc.
El poder sexual, equilibra una carencia de poder de cualquier otra índole. Y viceversa. Cuántos machos viriles hay que proyectan esta imagen tan “ellos”, hacen y dicen lo que quieren, sin filtro ni pudor, y entre las sábanas quieren sentir un poder mayor al suyo que se imponga, un poder abrumador y tan fuerte que te absorbe y que te hace desear dominarlo, pero no hacerlo y mejor dejarse hacer. O en otro caso, gente llenas de inhibiciones y prejuicios que pasan inadvertidos entre una multitud y que esconden esa necesidad de dominar, de librarse de sus amarras, de gritar y poseer.
Y no hay nada malo en eso, ya no hay de que enrojecer, es cotidiano ya lo ves, A todos nos gusta follar, ser follados, cambiar y sentir el equilibrio, sentir el poder sobre ti y ser poder.
